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Verdadero; el que está en todas partes. Nosotros te dimos tan sólo la vida, en La Casa de los Jóvenes tus maestros e instructores te ayudaron a brotar; hoy tienes un rostro propio y un corazón verdadero. Hoy estás a las puertas de esta venerable institución llamada La Casa de la Medida. Aquí haz venido a abrir los ojos y los oídos, para que veas y oigas; aquí los hombres se pulen y se labran, como piedras preciosas, aquí se ensartan para servir mejora la comunidad; aquí aprendes a hacerte adobe, aquí ajustas tus medidas, aquí te pules, aquí te cuadras, para ensamblarte en la casa y en el templo de los viejos y sabios abuelos. Aquí ya no eres tú, aquí eres memoria de nuestros antepasados, aquí aprenderás a honrarlos y a merecerlos; aquí ya eres lo mejor de nosotros. Actúa entonces en consecuencia, sé digno heredero de nuestros muertos, hazte responsable de tu destino".

Al término de la ceremonia Águila Nocturna se despidió con emoción de sus padres; un profundo sentimiento de nostalgia se apoderaba de su corazón, algo le decía que sería la última vez que estaría con sus amados y queridos padres.

El recinto de La Casa de la Medida era más grande que el de La Casa de los Jóvenes, aunque vivían ahí un menor número de personas. La institución poseía cuatro edificios entorno a la plaza, en el centro de ella había una construcción de medianas proporciones, de forma redonda y que estaba consagrada a la divinidad de La Serpiente Emplumada. En el edificio que servía de habitación habían pequeñas celdas en las que vivían maestros, sacerdotes y alumnos, en ellas apenas había lugar para una base de piedra estucada, que servía para dormir, un pequeño baúl de madera y piel de venado, en la que se guardaban los escasos objetos personales, la habitación no tenía ventanas y tenía una pequeña entrada que servía de acceso, en la que existía una cortina de yute. Ahí la vida era en principio similar a la de la primera institución, las diferencias eran de fondo. En principio los grupos eran de 4 jóvenes y la vida se desarrollaba más hacia el interior de la institución, dedicando gran parte del tiempo al estudio del misterio de la vida y al culto de todas las advocaciones en que se representaba a la divinidad suprema, esa que no tenía nombre, ni

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