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conservará, de esta manera el sacrificio de las Divinidades no se hizo en vano. Por eso la cultura, la tradición, la costumbre; como decían los abuelos "lo que no se debe olvidar nunca", es lo que nuestro Señor nos ha dado para sobrevivir, ser "gente" y poder florecer nuestro corazón.

Lo que se requiere para poder seguir la tradición, y para eso están aquí —señaló con tono grave, Espejo Humeante— es que; además de conocerla muy bien, de fortalecer su cuerpo y fortalecer su espíritu, es que desarrollen la fuerza de voluntad y el intento inflexible. Porque esta fuerza es lo único que tenemos, para transcendernos a nosotros mismos e interactuar con el mundo que nos rodea. Si no logran tener autodisciplina y fuerza de voluntad, de nada sirven todos los conocimientos del mundo, serán solo ideas, serán solo palabras; como un nopal sin tunas o un maíz sin mazorca. Por eso amados y queridos jóvenes, luchen como jaguares o águilas por aprender la sabiduría de los Viejos Abuelos, para lograr crear la autodisciplina, el control físico, mental y emocional, que desarrolla la fuerza de voluntad. Solo así, podrán pulir la piedra preciosa que llevan dentro; solo así, podrán esculpir un rostro verdadero, tener un corazón florecido y podrán en verdad, contribuir al sostenimiento de nuestra comunidad".

Como sucedía con frecuencia, los muchachos más grandes de La Casa de los Jóvenes, se preparaban para salir de cacería a las montañas que estaban al norte del pueblo. Era una cadena montañosa que circundaba el valle de oriente a poniente, que tenía bosques impenetrables donde vivían toda clase de animales. A la parte que se dirigían, a dos días de camino, especialmente se encontraban jaguares y venados. En esta ocasión especial, los acompañaba Espejo Humeante.

Antes de iniciar la cacería, se hizo una ceremonia de pedimento al Señor de la Montaña. Se le informó los motivos de la cacería y se le pidió permiso para cazar a un venado; en reciprocidad los sacerdotes y los jóvenes hicieron penitencia y ofrendaron incienso, enterrando unas cuentas de jade y dejaron frijol y maíz al poderoso Señor del Bosque. La cacería además de proporcionar la carne del venado para la fiesta

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