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del espacio y la distancia, estando junto a todo, todo está también junto a él. Nuestro Gran Señor Todopoderoso, aquel por quien se vive. Aquel que es invisible como la noche e impalpable como el viento. Nuestro Señor, aquel que nadie lo inventó, aquel que se inventó así mismo.

Esa tarde, cuando en "La Casa de la Música y el Canto", los jóvenes bailaban y cantaban, el corazón de Águila Nocturna se movía más rápido que sus pies. Por su cabeza danzaban una inmensidad de preguntas.

En esos años de formación, Águila Nocturna había logrado fortalecer su cuerpo, los baños nocturnos, las grandes caminatas y el trabajo, le ayudaron a lograr su pleno desarrollo físico. Pero a la par, había logrado un control sobre sí mismo. La disciplina, la responsabilidad, el desarrollo de la atención, la concentración y retención. La frugalidad y la práctica de los conocimientos de Los Viejos Abuelos, habían logrado templar su espíritu y afinar su mente. Águila Nocturna florecía su cuerpo y su espíritu; los maestros, sacerdotes y compañeros veían en él, al espíritu de la institución.

En otra ocasión Espejo Humeante les habló así a los jóvenes:

—Aquí en La Casa de los Jóvenes, los maestros e instructores les hemos tratado de trasmitir los conocimientos de los viejos y sabios abuelos. La mecánica celeste, las leyes de "nuestra Madre Querida" y todos sus hijos: animales, vegetales y minerales; de nuestra historia; de nuestras costumbres; de cómo se mantiene la tinta negra y roja en los libros; de la cuenta de los días; de cómo se habla y se comporta entre nosotros; de cómo se construye y se siembra, de cómo se cura y cómo se divierte y se juega; de cómo se celebra el culto a las diversas manifestaciones de la Divinidad; de cómo se hace uno "gente”, de cómo se hace “ciudadano”.

Falta muy poco para que algunos de ustedes terminen su instrucción en nuestra Honorable Casa. Unos se casarán y formarán familia; otros, los más aventajados, irán a la institución llamada La

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