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Es un hombre sobrio
cualquiera es confortado por él,
es corregido, es enseñado
gracias a él la gente humaniza su
ayuda, remedia, a todos cura."

Después de una larga pausa, Águila Nocturna se dirigió a su maestro diciéndole:

—Venerable maestro, he oído con atención las palabras de los viejos y sabios abuelos en su voz; una a una han caído como piedras preciosas en el estanque de mi alma y todavía su ondular estremece mi cuerpo. Estoy agradecido por la generosa enseñanza que nos ha dado, no hay con qué pagarla... sólo en la vida misma y con los demás. Sin embargo quiero hacerle una pregunta de la manera más respetuosa, una pregunta que lleva tiempo dando vueltas en mi cabeza: Venerable Maestro, ¿Dónde están ahora, los hijos de los hijos de los sabios y Viejos Abuelos?

Muchos de sus compañeros no entendieron la pregunta de Águila Nocturna, pero Espejo Humeante y Águila Nocturna, se quedaron unidos en una profunda mirada. Parecía que entre los dos había un puente de luz. No eran miradas retadoras, ni de enojo; eran miradas de encuentro.

Espejo Humeante confirmaba que ese joven era un águila de altos vuelos. De la simpatía que sentía por el joven pasó al interés comprometido. Muchos maestros, mejores que él, habían dado toda su vida en la enseñanza y nunca encontraron un alumno como Águila Nocturna. Este joven representaba más que un desafío para el maestro, representaba la gran oportunidad de trascender el hecho de enseñar.

A partir de aquella tarde, Espejo Humeante hacía más profundas y más interesantes las jornadas de enseñanza. Los jóvenes son vitales e incontenibles. El liderazgo de Águila Nocturna era incuestionable. El

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