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El rostro del Maestro estaba adusto y parecía de piedra. En el horizonte el sol refulgía amarillo e inmenso, acompañado de un séquito de nubes, daba la impresión que el tiempo se había detenido en espera de la respuesta.

—En nada haz fallado. Por el contrario, haz sido el más virtuoso aprendiz y el guerrero más impecable que he conocido. Has sido la marca del Espíritu del Guerrero. Desde que eras un niño, el poder te seleccionó y tú has cumplido intachablemente con la responsabilidad.

Sin embargo, por ser el mejor, el Poder que rige los destinos de los seres humanos y de los guerreros, te ha elegido para que cumplas una importante misión.

El guerrero trató de decirle a su Maestro, que él deseaba irse con él y con Los Cuatrocientos Guerreros del Sur, pero Serpiente de Estrellas no lo dejó terminar.

—Debes escucharme con atención.

Las decisiones del Poder no se analizan o se rechazan... solo se cumplen.

No tenemos tiempo, cuando el Sol se oculte me iré con él y jamás volveremos a vernos en este mundo. Tengo que explicarte cuál será tu misión; escucha con atención.

Los ojos del guerrero se llenaron de lágrimas, más que por la negativa de ser escuchado, por saber que jamás volvería a ver a su amado Maestro.

—Vienen tiempos de grandes cambios. La Serpiente Emplumada y el conocimiento de Los Viejos Abuelos toltecas se enterrará, igual que sus edificios y sus creaciones.

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