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fantasmal. Esa noche, Águila Nocturna iba a sacar de su corazón, todos los afectos y pasiones que sentía por ese añorado y al mismo tiempo desconocido pueblo. Esa noche, abajo de esa luna brillante, como un sol nocturno, Águila Nocturna renunciaba a su pueblo, a su nombre, a su pasado. Había decidido desprenderse de todos los sentimientos, de todas las ideas y deseaba fundirse con el todo; con la noche, la luna y el viento. Él sabía que nunca jamás derramaría una sola lágrima, por nada de este maravilloso y aterrador mundo profano. Después de aquella noche, su espíritu quedaría libre de ataduras terrenales.

Cuando la claridad empezó a asomar cautelosamente por el Oriente, detrás de las montañas, Águila Nocturna se dirigió al recinto de La Casa de la Medida, convertido en un viento de la noche, que repetía un verso como estribillo.

"¡Sólo te busco a ti, padre nuestro dador de la vida:
sufriendo estoy: seas tú nuestro amigo,
hablemos uno a otro tus hermosas palabras,
digamos por qué estoy triste:
busco el deleite de tus flores,
la alegría de tus cantos, tu riqueza!

Dicen que en buen lugar, dentro del cielo,
hay vida general, hay alegría:
erguidos están los tambores:
es perpetuo el canto con el que se disipa
nuestro llanto y nuestra tristeza:
¡es donde ellos viven, es su casa:
ojalá lo supieras así, oh guerreros!"

"¿Se irá tan solo mi corazón
como las flores que fueron pereciendo?
¿Nada mi nombre será algún día?
¿Nada mi fama será en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!
¿Cómo lo hará mi corazón?

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