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tú nos haces desaparecer aquí.

Pero repartes tus dones,
Nadie dice, estando a tu lado
que viva en la indigencia.
Hay un brotar de piedras preciosas,
hay un florecer de plumas de quetzal,
¿Son acaso tu corazón, Dador de la vida?"

Cuando terminó Espejo Humeante, había un silencio conmovedor en la solemne habitación. El impacto de las palabras, como dardos certeros, tocaron los corazones de esos jóvenes, que nunca antes habían escuchado algo así.

—Estas son palabras antiguas de "Flor y Canto", herencia inmemorial de nuestros nobles y sabios antepasados. Hace muchos atados de años, que los Viejos Abuelos toltecas nos enseñaran el bellísimo arte de "Flor y Canto", que es alimento de nuestras almas, que es la luz de los grandes caminantes; que es delicioso néctar, que florece nuestros corazones. ¿Qué piensan estos jóvenes de lo que escucharon?

Los estudiantes estaban asombrados, se miraban unos a los otros y guardaban silencio. Entonces Águila Nocturna ágilmente se incorporó de su petate y con la cabeza baja dijo:

—Con su permiso, Venerable Maestro; es la voz de un guerrero que nombra a nuestro Señor, el Impalpable, el Invisible, el que se inventa así mismo. A él lo nombra Dueño del Cerca y del Junto, porque el guerrero expresa que estando al lado del amado Señor, nada nos hace falta. Pero que a pesar de ser amigos de él, morimos, desaparecemos de la tierra. Entonces se pregunta el guerrero, ¿qué somos de él?"

Espejo Humeante dijo entonces:

—Los Viejos Abuelos dijeron desde el principio de los tiempos; que la única forma de decir palabras verdaderas, capaces de introducir raíz en el hombre, es a través del sendero de las flores y los cantos,

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