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Llegó un momento en que a los pies de la ceiba, estaban quince cazadores muertos y nadie quería subir a luchar con ese extraordinario enemigo. Los cazadores entonces decidieron prender una enorme fogata a los pies de la ceiba, para poder cazar al guerrero con los arcos y las flechas. Águila Nocturna al ser alumbrado, empezó recibir cercanos flechazos. Lo que hizo que subiera a la parte media del árbol, en donde la fronda lo resguardaba de las flechas. Nuevamente los cazadores intentaron trepar al árbol y cuando llegaron a las ramas en donde se escondía Águila Nocturna, entraban en combate personal, como no podían atacar más de dos juntos, empezaron a caer nuevamente heridos de muerte.

Águila Nocturna sentía que estaba viviendo los últimos momentos de su vida. No sentía temor o rabia en contra de sus adversarios. No podía desperdiciar energía tan valiosa en esa entrega. Por el contrario, al saber que moriría, ejecutaba cada movimiento en el combate, con la conciencia de que podía ser el último movimiento de su vida, por eso tenía que ser el mejor. Con una lujuriosa eficiencia, se había convertido en un instrumento de muerte; que tenía desconcertados y aterrorizados a los cazadores, quienes decidieron cambiar de táctica y empezaron a talar el árbol, para que cayera en sus manos el guerrero.

Águila Nocturna comprendió de inmediato la intención de sus adversarios. Decidió entonces, subir hasta la parte más alta de la ceiba y desde ahí, contemplar por última vez al cielo, ahora oscuro y tachonado de estrellas. Abajo se escuchaba el rítmico golpeteo de las hachas, que marcaba el destino del guerrero.

Al estar en la copa del árbol y contemplar el firmamento, con su inmensidad de luces de colores. Al sentir a la selva como un ser vivo; empezó a sentir nostalgia de tener que dejar este mundo tan intenso y tan bello. Sentía que todo su cuerpo se despedía de este maravilloso mundo. Un canto vino a su corazón:

"No es verdad que vivimos,
no es verdad que duramos
en la tierra,

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