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el futuro. De modo que, solo perdiendo la memoria y la lengua, podrá borrarse la presencia de nuestros amados y sabios, nuestros Viejos Abuelos toltecas sobre la faz de nuestra Madre Querida.

En algunas ocasiones en el pasado, nuestra voz ha sido reducida al soplo del viento que canta entre las ramas de los solitarios bosques o condenados a vivir con el jaguar en sus cuevas, cobijados por la Madre Tierra y la oscuridad de la noche misteriosa. El conocimiento y la sabiduría de nuestros antepasados, nos permite reducirnos a nada, nos prepara para ser inaccesibles cuando es necesario, por esa razón somos invulnerables. Somos el viento, somos la noche, desaparecemos y seguimos estando allí eternamente.

Ahora vivimos buenos tiempos, pero como es el día es la noche, una primero, la otra después, todo es cambio y movimiento, nada es estático todo se mueve, sucede y vuelve a suceder. En la luz del día está la esencia de la oscuridad de la noche; y en medio de la oscuridad de la noche, se encierra la esencia de la luz del día.

Por eso nuestra sagrada misión, de mantener viva la sabiduría y el conocimiento de nuestros padres, para que así, sus hijos siempre obren en consecuencia, con un corazón firme como la tierra y un rostro propio y verdadero como el jade. Estamos preparados para permanecer todo el tiempo que sea necesario en el canto de los bosques, en la humedad de la selva o en la profundidad de la tierra.

Nada es eterno, después de la noche sigue la luz del día y luego nuevamente llega la oscuridad. Lo importante es que en una y en otra, se mantenga la sabiduría y el conocimiento de nuestros antepasados, que no se pierda la raíz de nuestro pueblo, que nunca quedemos huérfanos y desmemoriados. Somos una de las casas más antiguas del hombre sobre la tierra.

Ahora que sabes que te estábamos esperando Guerrero del Espíritu, cumpliremos con el designio de La Fuerza, tendrás que pasar la noche en Templo del Espejo Humeante.

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