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los padres de Estrella de la Mañana, pero al final, negaron el permiso diciendo que la muchacha no estaba todavía en edad de casarse y que no era digna de Serpiente Marina.

Después de cinco días regresó la comitiva a la casa de Estrella de la Mañana, nuevamente se inició los discursos de pedimento. Esta vez, el padre y la madre aceptaron; los padrinos de Serpiente Marina hicieron los arreglos con los hombres de "la tinta negra y roja", para buscar un día propicio para la boda.

La ceremonia se llevó a cabo en la casa del novio al caer la noche. El día anterior se había realizado una fiesta en la casa de Estrella de la Mañana. La tarde de la boda, la novia había tomado un baño con olorosas flores y se puso un huipil de lujo para esa ocasión. De su casa fue llevada en una pequeña litera adornada de flores, que cargaban sus parientes, seguida de dos hileras de muchachas, que llevaban flores y antorchas. Atrás de ellas, iban los músicos, tocando chirimías y unos tamborcillos, atrás seguían los parientes y amigos.

Cuando llegaron a la casa, ahí los estaban esperando los familiares y amigos de Serpiente Marina. Después de haber sido recibidos con un elocuente discurso, pronunciado por el abuelo del novio. Sentaron a la pareja en unos petates que estaban adornados de flores y con cuatro olorosos incensarios en sus esquinas. Entonces la madrina de Estrella de la Mañana empezó un discurso de esta manera:

—Hija mía, que estás aquí, por ti son honrados los viejos y las viejas y nuestros parientes; ya eres del número de las mujeres ancianas: ya has dejado de ser muchacha y comienzas a ser mujer; ahora deja ya las niñerías.

No podrás ser de aquí en adelante como una niña, conviene que hables y saludes a cada uno como conviene; tendrás que levantarte de noche y barrer la casa, y poner fuego antes que amanezca, tendrás que levantarte cada día; mira hija mía que no nos avergüences, que no nos deshonres a los que somos tu padre y tu madre, a tus abuelos que ya son difuntos.

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