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su cabeza. No tenía fuerzas o no sabía cómo recordar lo que le había sucedido. Pocas cosas estaban claras y firmes en su mente; una era que se llamaba Águila Nocturna y la otra, es que había regresado de la muerte, eso era todo.

De pronto en la lejanía, empezó a escuchar un ruido rítmico de tambores y el sonar de los caracoles marinos. El sonido venía en dirección Poniente, justo por donde el camino de piedra se internaba por la cerrada selva. Sin pensarlo se dirigió por el camino, en busca del origen de la misteriosa música.

Al internarse por la selva, quedó fascinado por su belleza, espesura y peligrosidad. Nunca antes había apreciado este follaje, la humedad cada vez era mayor y la vegetación en su conjunto, le hacía sentir al ser humano, la fragilidad e insignificancia de su vida en particular, frente a toda la vegetación.

El camino estaba construido con una piedra calcárea de color blancuzco, que en la espesura de la selva, resaltaba con intensidad. A cada momento la música se hacía más clara y vigorosa. De pronto, apareció en un gran claro de la selva, una maravillosa revelación.

Un conjunto de espléndidos edificios, que salían de la selva, como por milagro deslumbrante y que se encontraban bellamente decorados. Un grupo de hombres lo venían a recibir. Su fisonomía y su indumentaria, eran diferentes a las que él conocía. Hombres altos y de cabeza grande, con una prominente nariz, que le recordaban ciertas aves.

Al llegar hasta él, el más anciano de ellos le habló en Maya, una extraña lengua, que no pudo entender. El anciano esperó un momento y después le habló en Nahuatl, otra lengua extraña, que Águila Nocturna misteriosamente entendió.

El anciano le dio entonces la bienvenida a ese lugar llamado Uxmal, que significaba "La Tres Veces Construida" y le dijo que sería bien recibido. Pidiendo que los siguiera, se encaminaron al

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