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adentros de luminosidad. Su vuelo era silencioso, subía a lo más alto, hasta convertirse en un pequeñito punto oscuro, en medio del estallido azul del cielo. Bajaba como una flecha en picada y pasaba rozando las esquinas de los edificios. A veces se mantenía inmóvil en el aire, durante horas enteras, disfrutando el maravilloso espectáculo desde las alturas, especialmente cuando el sol estaba en los linderos del horizonte y los rayos de luz llegaban perpendiculares y chocaban contra las montañas que están en la parte Oriente, haciendo rebotar la luz sobre DAANY BEÉDXE, lo que propiciaba una sensación de luminosidad indescriptible, pues la montaña es bañada por los rayos de luz desde sus dos flancos, creando una atmósfera de pureza, bajo un cielo azul intenso, que poco a poco, se torna amarillo para llegar a un naranja encendido, para finalmente naufragar en la oscuro de la noche.

Un tarde, que había estado lloviendo durante todo el día, Águila Nocturna sintió la necesidad de salir a caminar, entre los edificios de la plaza. La hierba estaba húmeda y los edificios parecían saturados de agua; hasta los colores con que estaban decorados los dibujos de los muros, parecían que habían cambiado de tono su color.

En algunas ocasiones especiales DAANY BEÉDXE era iluminado con antorchas toda la noche, por los guardianes de la montaña; pero por lo general el lugar se mantenía a obscuras después de la partida del sol. En aquella ocasión el atardecer fue muy corto y la oscuridad se empezó a adueñar del lugar. Águila Nocturna caminaba por la inmensa plaza. Todo el valle estaba invadido de mantos de nubes bajas. Los tonos de las nubes eran variados, desde el gris oscuro, hasta el blanco azulado. En pequeños grupos recorrían el valle, a veces chocaban con la montaña sagrada, otras, pasaban ligeramente por arriba de los edificios. Sin embargo, entre más obscurecía, las nubes se iban conglomerando en torno a la montaña. El joven guerrero se fue a refugiar a su sitio en la pirámide Sur, no alcanzó a llegar al pie de las escalinatas, cuando un banco muy pesado de obscuras nubes, cruzó vertiginosamente la plaza de Norte a Sur y lo dejó sin ninguna visibilidad. Las nubes parecía que tenían vida propia y acuerdo con los edificios. Águila Nocturna tuvo una sensación muy extraña. Sentía

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