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"Siéntate, quiero decirte algunas cosas. Como sabes, DAANY BEEDXE como otros lugares de poder, es un inmenso y milenario “no hacer” de los Viejos Abuelos toltecas, que permite que los Guerreros de la Muerte Florecida, se preparen para su última Batalla Florida. La montaña sagrada, es el lugar de partida a lo inconmensurable y milagroso de la existencia humana. Las piedras de estos edificios han visto prepararse y partir, a muchos viajeros intrépidos en pos de la eternidad. Estas piedras saben mucho y por ello son piedras de poder, que perciben y sienten. Nosotros como seres comunes, no somos nada ante ellas, acaso solo un instante fugaz, en su maravillosa e increíble existencia, pues no son cualquier piedra, de cualquier parte. Cuando las piedras se cargan de mucha energía a lo largo de varios atados de ciclos solares, es necesario cubrirlas con nuevas piedras, para que se disipen las cargas energéticas absorbidas, de lo contrario, en lugar de ayudar al guerrero lo podrían perjudicar. Por eso, periódicamente los edificios son recubiertos, pero sin alterar en lo posible la planta arquitectónica, ya que tienen dos objetivos específicos cada edificio.

El primero es que en cada uno, el guerrero aprende y afina, una de las técnicas, que Los abuelos toltecas nos dejaron para luchar por la mínima oportunidad, que nos ofrece el Águila, de trascender esta realidad. En segundo lugar, cada construcción es el sitio de poder específico de cada uno, de los diecisiete guerreros que forman el equipo que librará la última batalla de poder, de la Guerra Florida. Así, diecisiete edificios importantes; igual número de guerreros guías y de técnicas para abrir las compuertas del conocimiento silencioso.

Y lo segundo de lo que te quiero hablar, es precisamente del conocimiento silencioso. Que es la fuente del saber humano.

Cada ser humano tiene en sus adentros una semilla, que viene desde el más remoto origen de los tiempos. Esta semilla contiene todos los recuerdos, toda la información que el ser humano, como especie posee a lo largo de su existencia en este planeta. Y así, como la semilla de la flor del desierto, que puede pasar años enteros en estado latente, en espera de las lluvias prometidas, y al primer aguacero, florece inmediatamente. De la misma forma, esta semilla

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