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De pronto, en pocos minutos la tormenta se dejó venir sobre el valle, al tiempo que inició la noche. Águila Nocturna no sabía por qué, desde niño, le fascinaba sentir las tormentas por las noches. En lo alto de la montaña sagrada, las tormentas eran una impactante experiencia. El muchacho experimentaba un profundo placer al ver y escuchar, caer a los rayos. Algo le decía que nada le pasaría, de modo que entre más cerca cayera el rayo, mayor era el gusto que sentía. En la oscuridad de la noche y con el ruido del agua al caer, Águila Nocturna esperaba en el cielo, primero la deslumbrante luz del rayo, para después estremecerse con el estruendo del tronido, que terminaba reverberando en todo su cuerpo.

Águila Nocturna fue interrumpido por la llegada de su Maestro, quien le dijo:

—Una tormenta como esta, invita a hablar sobre el poder, ¿no crees? —preguntó el Maestro—. Los Viejos Abuelos toltecas como te he dicho, nos dejaron su conocimiento, para pelear por la mínima oportunidad, que nos da el Águila. Ya sabes que lo más importante, el principio de todo, es aprender a ahorrar energía, para poder intentar mover en el punto de ensamble del huevo luminoso, el lugar en donde se ensamblan las energías de adentro con la de afuera y que produce nuestra visión del mundo.

Esta noche hablaremos de las tres percepciones que tenemos del mundo. La primera, es la que desde niños aprendemos a formar con la energía de "La Fuerza". Esta percepción es la del mundo conocido, la que hace a la energía ser piedra, agua, tierra, madera, carne y todo lo que ves y sientes en este mundo. Esto se logra con la energía de adentro y la de afuera, que se ensamblan en un punto determinado del huevo luminoso. Esta percepción se logra gracias a cantidades descomunales de energía que usamos para realizar, esta "magia perceptiva". No es fácil lograrlo y por lo menos, nos llevamos los primeros siete años de nuestra vida, para sentar las bases de lo que será el "armado" del mundo.

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