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Sobre su cabeza estaba tallado un cielo nocturno con estrellas, en donde sobresalía Venus. A sus costados tenía una serie de símbolos, que referían su nombre, lugar de nacimiento y sus atributos personales.

Entonces la voz de su Maestro se escuchó:

—Es bella en verdad. Ha sido un paciente e impecable trabajo, que culminó con éxito. Hacerlo no fue fácil y tu cuerpo ahora te lo agradece.

El Maestro tenía mucha razón, Águila Nocturna no lo había hecho consiente, hasta que lo mencionó Serpiente de Estrellas. En efecto, su cuerpo ahora era más compacto y musculoso, sin perder su elasticidad natural. Algo en sus adentros también había cambiado; era más prudente, reflexivo y equilibrado; en síntesis, había un aire de sobriedad e indiferencia en su comportamiento.

—El grabado no importa en verdad, sino con la entrega y la totalidad con que lo hayas realizado. Existen por ahí, muchas piedras grabadas de los primeros guerreros. Como puedes observar, cada vez se hacen más sofisticadas. Existen muchas formas de realizar este trabajo, en verdad lo que las diferencia son los gustos, el tiempo y el espacio. Algunos guerreros prefieren hacer grandes cabezas en piedra, otros les gustan las columnas, a la mayoría estelas como esta; unos las entierran, otros las adosan a los edificios. Finalmente no importa, pues es tan solo un símbolo de lo que fueron, lo importante es lo que ahora son todos esos inmaculados guerreros.

Águila Nocturna entonces se puso a observar con detenimiento todas las piedras grabadas del recinto. Había de todos los tamaños y existían unas antiquísimas. Le llamó especialmente la atención unas piedras grabadas sobre las paredes laterales del edificio donde recapituló, todas estaban de cabeza y tenían la fecha y la procedencia del guerrero. Otros estaban en extrañas posiciones, como si estuvieran en mundos ingrávidos, otros tenían cascos y grabados sobre el cuerpo.

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