Página:Daany Beédxe.djvu/158

Esta página ha sido corregida


energía, y con ella, mover el punto en el que se ensamblan la energía de afuera con la de adentro; camino que le conduce a La Libertad Total.

Cuando terminó de hablar Serpiente de Estrellas, la noche había entrado completamente. Águila Nocturna se había mantenido sentado en silencio a su lado. Sus ojos habían seguido, paso a paso, el descenso del sol bajo la tierra, que en una sangrienta tarde, salpicada de nubes rojas y naranjas, el monstruo de la tierra devoró lentamente al Señor de los Dardos de Fuego. El viento golpeaba rabioso los cuerpos del maestro y el alumno. A lo lejos Águila Nocturna vio las luces de su pueblo natal y se dio cuenta, que la distancia entre su pueblo y él, era insalvable.

Las palabras de su maestro ensamblaron a la perfección en el templo de su conocimiento, entendía que de alguna forma, los conocimientos que le inculcaron desde La Casa de los Jóvenes, tenían que ver con la gran aspiración del ser humano, por llegar a la conciencia total, a recibir la oportunidad que ofrecía el Águila. Ahora los veía como parte de un procedimiento, que desarrollaron Los Viejos Abuelos toltecas; los entendía, no solo como la costumbre y la tradición de su pueblo, sino como uno de los legados más importantes de su cultura, que aseguraban su permanencia y futuro, ante cualquier adversidad. Sintió un regocijo interior en todo su ser, como si Los Viejos Abuelos le saludaran desde adentro.

Tuvo entonces la necesidad de comunicar su descubrimiento a su Maestro, pero cuando volteó, Serpiente de Estrellas ya no estaba.

Cierta mañana llegó a casa de Águila Nocturna su Maestro y lo invitó a ir de nuevo a la cima de la montaña. Se dirigieron a la parte Norte, cruzaron por toda la gran plaza. El maestro iba comentando las pinturas que estaban en los edificios. Su voz se escuchaba en todo el recinto. Águila Nocturna pensó que siempre tenía la sensación de que a pesar de que el lugar estaba completamente desierto, se tenía la sensación de estar compartiendo el recinto, ya sea con otras personas o con los propios edificios, como si tuvieran vida propia. Subieron al

158