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El hombre, que parecía leer los pensamientos del muchacho, se quitó la máscara lentamente para descubrirse y lograr serenar los pensamientos de Águila Nocturna. Inmediatamente el joven reconoció el rostro, parecía que había sido ayer cuando lo vio, a pesar de que era un niño. Después de un instante se dio cuenta que era el mismo anciano, al que trató de ayudar cuando estaba por llegar a DAANY BEEDXE.

El anciano era ligeramente alto y delgado, de complexión atlética y musculosa. Tenía el rostro ovalado y una afilada nariz aguileña. Su cabello lacio, estaba completamente blanco y tenía dos cosas que llamaban poderosamente la atención del joven; una eran sus ojos, de los que emanaba una profunda mirada de sabiduría y tranquilidad. Daba la impresión, que esos ojos ya lo habían visto todo en el mundo. Y la otra, eran sus manos finas y largas, que apoyaban todas las intenciones de sus palabras. Había algo que no cuadraba bien en el anciano, porque por una parte se sentía toda la fuerza de la sabiduría y la experiencia, que da el tiempo; pero a la vez, se proyectaba la energía y la simpatía de la juventud. Era como un joven que hubiera envejecido de súbito.

—Cada ser vivo en este planeta tiene una función, que esta interrelacionada con todos y con "el todo"; por ello, todos los seres vivos y aun los no vivos, mantenemos un equilibrio muy delicado pero determinante, y por ello tenemos una misión en la vida. —dijo el anciano, tú hasta ahora has cumplido con tu responsabilidad. Veo que guardaste el caracol que te regalé, pero falta el verdadero desafío.

Todo lo que aprendiste allá abajo, entre los hombres, de muy poco te servirá entre nosotros. En este momento eres como el niño que encontré hace muchos años, tienes que empezar de nuevo y no tienes alternativa, nunca podrás regresar como eras en el Valle de Etla, de modo que de aquí iras a la muerte o a la eternidad; y como quiera, tarde o temprano te vas a morir, así que piénsalo bien... ¡estas frente a una gran oportunidad!

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