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concentraba en el magnético rezo. Su capacidad auditiva creció tremendamente, podía escuchar a cada una de las voces y al mismo tiempo al conjunto. El ritmo y la fuerza iban en aumento. Como en una espiral ascendente la energía que desprendía el canto arrastraba a todos. El momento de mayor exaltación fue cuando entraron las voces de Piedra Quemada y la anciana. Águila Nocturna fue proyectado con fuerza a un estallido interno, algo trono en sus adentros y dejo de escuchar los cantos, para pasar a percibir algo verdaderamente extraordinario y fascinante; una inmensa y majestuosa serpiente de cascabel, del tamaño del mundo y que sin embargo estaba en la habitación. El animal lo veía directamente, con una mirada penetrante, fría e impersonal. Por sus fauces salía a intervalos su lengua. Águila Nocturna estaba aterrorizado, un miedo animal se apodero de todo su cuerpo, y sin embargo algo en él, lo hacía sentirse hechizado por la maravillosa presencia. Instintivamente se dio cuenta que en la medida de que siguiera el ritmo de la lengua de la serpiente, con su propia respiración, su cuerpo se relajaba y la mente se despejaba.

La serpiente inquirió el motivo de la presencia del muchacho; Águila Nocturna empezó entonces a hablar, en una forma pausada y ordenada, casi hizo un recuento de su vida, y todo se podía sintetizar en esa búsqueda, que desde los primeros años de su vida, ardió como una llama perenne en su corazón. Cuando terminó estaba exhausto; la serpiente en cambio se mantenía inmutable, solo movía su lengua en forma rítmica y constante. Parecía que estaba analizando una por una, todas las palabras del muchacho.

Después de un tiempo, en señal de aceptación, la serpiente abrió sus inmensas fauces y Águila Nocturna; con pavor, que rayaba en el pánico más primitivo y animal, empezó a avanzar lentamente.

Su cuerpo se estremecía de terror y al mismo tiempo de emoción, un extraño regocijo se apoderaba al mismo tiempo que el pánico, de lo que quedaba de su desquiciada razón.

Águila Nocturna entró por su propio pie, en las profundidades de la inmensa serpiente de cascabel. En las obscuras entrañas del animal, su

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