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Ruben Dario

almas abrazadas bajan a la nada[1]. La mar traga a Ana, traga a Blas, traga más... ¡ca! ya Ana hablaba a Blas para pañal, para fajas, para zarandajas. «¡Mamá, ya, acababa Ana. Papá, ya, acababa Blas!...»

Nada habla la Habana para sacar a plaza a Marta, tras las pasadas; mas la palma canta hartas hazañas para cardarla la lana.


Et voilà. ¿Quién me dirá el nombre del autor?



  1. Almas por cuerpos, Dios me libre de la impiedad.
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