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coraciones. Cuando Sabina hablaba regañando, amenazaba tempestad en la cocina, y las sirvientes jóvenes apresuraban sus tareas, tratando de ocultarse ante los ojos investigadores del ama.

Sabina nos inspiraba cariño y admiración. Pensábamos: ¡Qué honrada es! Tiene bajo sus llaves todas las cosas ricas: galletas, caramelos, azúcar, vino, dulce, y no toca nada. ¡Sabina es una heroína digna de figurar al lado de Juana de Arco!

Comparaba la voluntad de Sabina con mi debilidad. ¡Oh, si hubiera yo cargado por un momento con las preciosas llaves de la despensa! ¡Qué soberbios atracones de dulce; qué largos tragos de vino de Misa !Sólo de imaginarlo sentía en la garganta un cosquilleo que me daba ganas de gritar...

Cuando nuestros padres se retiraban a la alcoba, después de leer los periódicos y jugar dos vueltas de brisca, nosotras, "las tres grandes",