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Cuentos Clásicos del Norte

caballo negro de aspecto vigoroso. No hacía demostración alguna en pro ni en contra sino que se mantenía a lado de la carretera, zangoloteándose ligeramente por el lado tuerto de Gunpowder que parecía ahora libre de su terror y malas disposiciones.

Íchabod, a quien no agradaba mucho el extraño y nocturno compañero, rememorando la aventura de Brom Bones con el soldado galopante, apresuró entonces el paso con la esperanza de aventajarle; pero el extranjero pico también para mantenerse al mismo nivel. Íchabod acortó riendas entonces y avanzó al paso tratando de quedarse atrás; el otro procedió de igual manera. Su corazón comenzó a dar saltos dentro de su pecho; trató de reanudar el canto de la salmodia; pero su lengua apergaminada se pegaba al paladar y le era imposible emitir una sola estrofa. Había algo de misterioso y terrible en el extraño y pertinaz silencio de su obstinado compañero. Pronto pudo darse cuenta de la causa y quedó horrorizado. Al ascender una elevación del terreno que delineó en gigantesco relieve sobre el firmamento la figura de su compañero de viaje embozado en una capa, Íchabod se sintió despavorido al observar que ¡carecía de cabeza! ¡Y su horror llegó al colmo cuando se apercibió de que el espectro llevaba en el pomo de la silla la cabeza que debía descansar sobre sus hombros! Su terror se convirtió en desesperación; descargó una lluvia de puñetazos y patadas sobre Gunpowder, esperando escapar a su compañero a favor de algún salto repentino;