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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/96

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La Leyenda del Valle Encantado

se había sentido tan triste y abandonado. Aproximábase, de otro lado, al sitio donde se radicaban muchas historias de aparecidos. En medio de la carretera elevábase un enorme tulipán que dominaba como un gigante a todos los árboles de la vecindad y servía como una especie de mojón. Sus ramas, tan grandes como troncos de otros árboles, afectaban formas nudosas y fantásticas retorciéndose casi hasta llegar al suelo y elevándose de nuevo por los aires. Se le relacionaba con la trágica historia del infortunado André, hecho prisionero en las cercanías, y era universalmente conocido por el nombre de "árbol del mayor André." El pueblo le miraba con cierta mezcla de respeto y superstición, nacida en parte de la simpatía por la suerte de su malaventurado tocayo, y en parte de los cuentos de extrañas apariciones y lamentaciones dolorosas que circulaban a su respecto.

Conforme se aproximaba Íchabod al temido árbol comenzó a silbar, creyendo luego que alguien había respondido a su silbo; pero era solamente una ráfaga sutil cortando las secas ramas. Al acercarse un poco más, pensó que veía algo blanco colgando del centro del árbol; detúvose y dejó de silbar; pero mirando con más cuidado advirtió que el árbol había sido herido por el rayo y en cierto sitio aparecía desnuda la madera blanca. Repentinamente oyó un gemido; sus dientes se entrechocaron y sus rodillas golpearon la silla: era solamente el roce de una gran rama contra otra, movidas por la brisa. Transpuso el árbol con