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Cuentos Clásicos del Norte

su corazón espiándose mutuamente con irritadas miradas, pero prontos a formar causa común para atacar a cualquier nuevo competidor.

El más formidable entre ellos era un jactancioso, turbulento y atronador valentón llamado Abraham o Brom Van Brunt según la abreviatura holandesa, que se había hecho el héroe de la comarca por sus hazañas de fuerza y temeridad. Tenía anchos hombros y macizas articulaciones, cabello corto, negro y rizado, y aspecto rústico pero no desagradable, con cierto aire mezcla de jovialidad y arrogancia. Por su figura hercúlea y sus potentes miembros había merecido el sobrenombre de Brom Bones (Brom el huesoso), por el cual se le conocía generalmente. Tenía fama de grandes conocimientos y destreza en la equitación, sintiéndose tan firme a caballo como un tártaro. Era el primero en todas las apuestas y peleas de gallos y, con el ascendiente que la fuerza física ejerce siempre en la vida rural, hacía de arbitro en todas las disputas, decidiendo por cualquiera de las partes y dictando sus sentencias con airé y tono que no admitía réplica ni contradicción. Estaba siempre pronto para un lío o para una juerga; pero había más travesura que mala intención en su temperamento y, en medio de toda su rudeza exterior, gastaba en el fondo sus arranques de broma y buen humor. Tenía tres o cuatro buenos camaradas que le tomaban como modelo y a la cabeza de los cuales recorría la comarca mezclándose en todas las contiendas y diversiones en muchas millas a la redonda. En el invierno llevaba siempre como