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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/58

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La Leyenda del Valle Encantado

de los origínarios colonos holandeses, aquella recóndita cañada era conocida hace mucho tiempo por el nombre de VALLE ENCANTADO, y los rústicos mozos del vecindario son conocidos en todo el país circunvecino como los zagales del valle encantado.

Una letárgica y soñadora influencia parece pesar sobre toda la comarca y prevalecer en su ambiente. Algunos afirman que el lugar fué hechizado en los primeros días de la colonización por un ilustre doctor alemán; otros, que un viejo jefe indio, el profeta o adivino de la tribu, celebraba allí sus conjuros antes del descubrimiento de aquella región por Master Héndrick Hudson.[1] Lo cierto es que el lugar continúa bajo el dominio de algún encantador que mantiene hechizada la mente de aquellas buenas gentes, haciéndolas vivir en plena fantasía. Son dadas a toda clase de creencias maravillosas; están sujetas a éxtasis y visiones, y continuamente ven extrañas apariciones y oyen músicas y voces por los aires. El vecindario abunda en cuentos locales, en lugares frecuentados por espectros y en supersticiones sombrías. Las estrellas voladoras y los brillantes meteoros cruzan aquel valle más a menudo que cualquiera otra comarca; y el demonio de la pesadilla, con sus nueve secuaces,[2] parece haber hecho del país el escenario favorito de sus cabriolas.


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  1. Conocido más generalmente como Henry Hudson. Era un navegante inglés emigrado que buscando un pasaje al noroeste para la India, descubrió el río y la bahía que llevan su nombre, el primero en 1609, y la segunda en 1610. En 1611 se amotinó su tripulación, obligándole a entrar con otros ocho hombres en un pequeño bote y abandonando a todos a su suerte. Jamás te volvió a saber de ellos.
  2. "He met the nightmare and her ninefold."—King Lear.