Abrir menú principal

Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/48

Esta página ha sido corregida
37
Rip Van winkle

les había visto una vez vistiendo sus antiguos trajes holandeses y jugando a los bolos en una cueva de la montaña; y que él mismo había oido una tarde el eco de las bolas resonando como lejanas detonaciones de truenos.

Para abreviar, la compañía se disolvió volviendo al asunto más importante de la elección. La hija de Rip llevósele a su casa a vivir con ella; tenia una linda casita bien amueblada, y por marido a un fornido y jovial granjero a quien recordaba Rip como uno de los pilluelos que acostumbraban encaramarse en sus espaldas. En cuanto al hijo y heredero de Rip —la copia de su padre que apareció reclinado contra el árbol— estaba empleado como mozo de la granja; pero mostraba una disposición hereditaria para atender a cualquiera otra cosa de preferencia a su labor.

Rip reasumió entonces sus antiguos hábitos y correrías; encontró pronto muchos de sus contemporáneos, aunque bastante averiados por los estragos del tiempo; prefiriendo entablar amistades entre la nueva generación de la cual a poco llegó a ser el favorito.

No teniendo ocupación en la casa y habiendo alcanzado la edad feliz en que el hombre puede ser holgazán impunemente, ocupó de nuevo su lugar en el banco a la puerta del mesón, donde era reverenciado como uno de los patriarcas de la aldea y como crónica viviente de la época "anterior a la guerra." Transcurrió algún tiempo antes de que se pusiera al corriente de la chismografía del vecindario o llegara a comprender los