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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/310

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El Hombre sin Patria

meses que ha pasado encerrado en una barraca infernal—

Vaughan decía después que se sentía envejecer mientras Nolan bregaba para dar la traducción. Yo mismo, que no comprendía todo el alcance de aquello, podía observar que hasta los elementos parecían fundirse a algún ardiente calor, y que alguien sufría los resultados. Hasta los negros dejaron de aullar al ver la agonía de Nolan y la agonía de Vaughan, casi tan intensa por simpatía. Tan pronto como este pudo encontrar palabras exclamó:

—¡Decidles que sí, que sí, que sí! Decidles que irán a las montañas de la luna, si lo desean. ¡Si yo oriento el rumbo a través del gran desierto blanco, ellos volverán a su hogar!—

Y después de algún esfuerzo, Nolan lo repitió. Entonces se lanzaron todos a besarle otra vez, y querían que frotara su nariz contra las suyas.

Pero Nolan no pudo soportar más tiempo; y, logrando que Vaughan le diera autorización para regresar, me arrastró hacia el bote. Cuando estuvimos instalados a popa y los hombres comenzaron a remar, me dijo:

—¡Joven, que esto os enseñe lo que es estar sin familia, sin hogar y sin patria! Y si alguna vez os sentís tentado a decir una palabra o a hacer algo que pueda levantar una barrera entre vos y vuestra familia, vuestro hogar y vuestra patria, ¡pedid a Dios la gracia de que en aquel mismo instante os lleve a su propia casa, el cielo! Uníos estrechamente a vuestra familia, joven; olvidaos a