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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/26

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Rip Van Winkle

Christina.[1] Había heredado muy poco, sin embargo, del carácter marcial de sus antecesores. Hice ya notar que era un hombre sencillo y de buen corazón; era además vecino atento y marido dócil, y gobernado por su mujer. A esta última circunstancia se debía probablemente aquella mansedumbre de espíritu que le valió universal popularidad; porque los hombres que están bajo la disciplina de arpías en el hogar son los mejor preparados para mostrarse obsequiosos y conciliadores en el exterior. Indudablemente su carácter se doblega y vuelve maleable en el horno ardiente de las tribulaciones domésticas; y, a decir verdad, una reprimenda de alcoba es más eficaz que todos los sermones del mundo para enseñar las virtudes de la paciencia y longanimidad. Una mujer pendenciera puede así, en cierto modo, considerarse una bendición; y a este respecto Rip Van Winkle era tres veces bendito.

Lo cierto es que era el favorito de todas las comadres de la aldea que, como las demás de su amable sexo, tomaban parte en todas las querellas domésticas y nunca dejaban de censurar a la señora Van Winkle siempre que se ocupaban de este asunto en la chismografía de sus reuniones nocturnas. Los chicos de la aldea le aclamaban también alegremente cuando se presentaba. Tomaba parte en sus diversiones, les fabricaba juguetes, les enseñaba a volar cometa y a jugar
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  1. Los Van Winkle figuran en el ilustre catálogo de héroes que acompañaron Péter Stúyveant al fuerte Christina y estaban "Llenos de ardor y colea." Véase History of New York, libro VI, capitulo VIII.