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Cuentos Clásicos del Norte

Murmurando estas palabras, había llenado la bruja una nueva pipa de tabaco, y sostenía el tubo entre sus dedos vacilando entre colocarla en sus propios labios o en los de Feathertop.

—¡Pobre Feathertop! —continuó. —Podría darle fácilmente ocasión de ensayar una nueva vida haciéndole salir mañana al mundo. Pero no; es demasiado tierno, demasiado exquisitamente sensible. Tiene demasiado corazón para manejarse con provecho en este mundo tan vacío e indiferente. ¡Vaya! ¡vaya! Le haremos servir de espantajo, después de todo. Es un oficio inocente y útil, y vendrá bien a mi protegido. Si todos sus semejantes encontraran ocupación tan adecuada, sería un gran bien para la humanidad. Y en cuanto a la pipa, yo la necesito más que él.—

Diciendo así, Mamá Rigby llevó el tubo a sus labios.

—¡Dickon!— gritó con su aguda e imperiosa voz, —fuego para mi pipa!