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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/242

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Feathertop

su rostro de barros! ¡Volveré su nariz tan roja como el fuego de tu pipa! ¡Haré caer sus dientes delanteros! ¡Dentro de una semana no será ya digna de ti!

—Dejadla tranquila, madre, —respondió el pobre Feathertop;— la doncella estaba casi vencida; y creo que un beso de sus dulces labios me habría hecho sentirme completamente humano. Pero, — añadió tras breve pausa y con un grito de desprecio para sí mismo,— ¡me he visto, madre! ¡He visto la miserable, harapienta y vacía criatura que soy! ¡No quiero vivir más!—

Arrancando la pipa de su boca, la estrelló con toda su fuenca contra la chimenea, y se desplomó en el mismo instante convertido en una mezcla de paja y andrajos con algunos palos sobresaliendo del montón y una arrugada calabaza en el centro. Los huecos de los ojos carecían ya de luz; pero la abertura toscamente rasgada, que había hecho las veces de boca, parecía retorcerse aún en desesperada mueca y tenía aspecto casi humano.

"¡Pobre chico! —exclamó Mamá Rigby, lamentándose ante los restos de su desventurada creación. —¡Pobre querido mío, lindo Feathertop! Hay millares y millares de mequetrefes y charlatanes en el mundo, formados de la misma mescolanza de desechos, andrajos y cosas inútiles que entraban en su composición. Gozan, sin embargo, de buena fama y jamás se aprecian a sí mismos en lo que valen. ¿Por qué mi pobre muñeco había de ser el único en conocerse y en sufrir y perecer por ello?—