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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/234

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Feathertop

que, en el intervalo entre su llamada y la respuesta, sacudía el extranjero las cenizas de su pipa.

—¿Qué dijo con aquella voz tan imperiosa?— pregunto uno de los espectadores.

—No sé, no podría decirlo, —respondió su amigo. —Pero el sol me deslumbra de manera extraña. ¡Que ajado y descolorido se ha puesto repentínamente su señoría! ¡Dios me bendiga! ¿Qué es lo que me pasa?

—Lo maravilloso es que su pipa, apagada hace un momento, aparece otra vez encendida y con el fuego más intenso que he visto en mi vida. Hay algo misterioso en este extranjero. ¡Qué bocanada de humo más espesa! ¿Decíais que estaba ajado y descolorido? ¡Mirad! Cuando se vuelve, brilla la estrella en su pecho como una llamarada.

—Así es, en verdad, —dijo su compañero;— y deslumbrará probablemente a la linda Polly Gookin a quien veo asomándose a la ventana de aquella habitación.—

Tan luego que se abrió la puerta, volvióse Feathertop hacia la multitud, inclinóse majestuosamente, como un gran hombre que reconociera los homenajes en la forma más estricta, y desapareció en la casa. Brillaba en su semblante una especie de sonrisa misteriosa, una mueca, mejor dicho; pero entre la muchedumbre que le contemplaba, nadie tuvo la penetración suficiente para descubrir su ilusoria personalidad, salvo un chiquillo y un miserable can.

Nuestra leyenda pierde aquí algo de continuidad, y saltando sobre las explicaciones preliminares