Abrir menú principal

Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/23

Esta página ha sido validada
12
Cuentos Clásicos del Norte

chado, y lo estudiaba y profundizaba con el celo de la polilla.

El resultado de todas estas investigaciones fué una historia de la provincia durante el dominio holandés, publicada hace algunos años. La opinión anduvo dividida con respecto del valor literario de esta obra que, a decir verdad, no vale un ápice más de lo que pudiera. Su mérito principal estriba en su exactitud, algo discutida por cierto en la época de su primera aparición, pero que ha quedado después completamente establecida y se admite ahora entre las colecciones históricas como libro de indiscutible autoridad.

El viejo caballero falleció poco tiempo después de la publicación de esta obra; y ahora que está muerto y enterrado no perjudicará mucho a su memoria el declarar que pudo emplear mejor su tiempo en labores de más peso.[1] Era bastante hábil, sin embargo, para encaminar su rumbo como mejor le conviniera; y aunque de vez en cuando echara un poco de tierra a los ojos de sus prójimos y apenara el espíritu de algunos de sus amigos, a quienes profesaba sin embargo gran cariño y estimación, sus errores y locuras se recuerdan "más bien con pesar que con enojo," y se comienza a sospechar que jamás intentó herir ni ofender a



____________________

  1. La History of New York ofendió a muchos neoyorquinos a causa del uso atrevido de algunos nombres tenidos hasta entonces en veneración como tronco de antiguas familias, y por su sátira burlesca del carácter holandés. Entre los críticos se contaba un entusiasta amigo de Írving, Gulian C. Verplanck, quien declaró terminantemente en un discurso pronunciado ante la Sociedad Histórica de Nueva York: "Lastima ver que un talento admirable por su exquisita percepción de lo bello y por su rápida apreciación del ridículo, derroche su rica fantasía en un tema ingrato, y su sátira exuberante en una vulgar caricatura." Írving tomó la crítica por el buen lado y, como leía las palabras de Verplanck justamente al terminar su historia de Rip Van Winkle, dió la jocosa nueva en su ntroducción.