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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/179

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Cuentos Clásicos del Norte

escalera, donde aparecían, en el descanso más alto que podía distinguirse desde abajo, varios personajes que descendían hacia la puerta. El primero era un hombre de rostro austero, que llevaba sombrero de alta copa cubriendo un casquete; capa obscura, y grandes botas arrugadas que subían hasta el muslo. Traía bajo el brazo una bandera arrollada, que parecía ser la de Inglaterra, pero singularmente desgarrada y hecha jirones; y llevaba una espada en la mano derecha mientras sostenía una Biblia con la izquierda. La figura siguiente era de aspecto más suave aunque lleno de dignidad, y lucía cuello alechugado sobre el cual caía la barba, toga de terciopelo labrado y justillo y bragas de raso negro. Llevaba en la mano un rollo de manuscritos. Muy de cerca seguía a estos dos un joven de rostro y continente que atraían la atención, con frente profundamente pensadora y contemplativa y tal vez cierto rayo de entusiasmo en la mirada. Su atavío era antiguo, como el de sus predecesores, y tenía una mancha de sangre en su cuello alechugado. En el mismo grupo con los tres de que hemos hablado venían otros cuatro personajes, todos de aspecto majestuoso y habituado al mando, y ademanes de gente acostumbrada a las miradas de la multitud. Los circunstantes imaginaban que estos personajes iban a reunirse con el misterioso funeral que se había detenido frente a la casa provincial; sin embargo, esta suposición parecía desmentida por el aire de triunfo con que agitaban las manos al atravesar el dintel y desaparecer por el portal.