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Cuentos Clásicos del Norte

bras de la selva pongan su melancolía en medio de las danzas. Veamos, entretanto, quiénes eran estos alegres personajes.

Hace doscientos años, quizá más, que el mundo antiguo y sus habitantes se fatigaron mutuamente de sus sempiternas relaciones. Los hombres emigraron por millares hacia el oeste; unos, para trocar cuentas de vidrio y baratijas de joyería por las pieles de los cazadores indios; otros, para conquistar terrenos vírgenes; y otros, más austeros, para orar. Pero ninguno de estos motivos había sido el aliciente para los colonizadores de Merry Mount. Sus jefes fueron hombres que habían gozado tanto de la vida, que cuando se presentaron los enfadosos huéspedes. Pensamiento y Sabiduría, se encontraron arrollados por la turba de pompas y vanidades a las cuales debían haber puesto en fuga. Obligaron al errante Pensamiento y a la Sabiduría pervertida a endosar una máscara y representar la farsa de la Locura. Los hombres de quienes nos ocupamos, habiendo perdido la fresca alegría del corazón, imaginaron una filosofía de placer desenfrenado y vinieron a estos lugares para realizar sus fantasías. Reunieron adeptos en aquella aturdida rasa cuya vida entera transcurre como los días festivos de los hombres graves. Había en su séquito ministriles no del todo desconocidos en las calles de Londres; cómicos ambulantes, cuyo teatro fueran los salones de los gentiles hombres; bufones, juglares y saltimbanquis, cuya ausencia se dejaría sentir por largo tiempo en las romerías, fiestas conmemorativas y ferias; en una palabra, forja-