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Cuentos Clásicos del Norte

pareja para qué se ha hecho la vida y cuan ligeramente habrán de atravesarla! ¡Vosotros todos que amáis el May-Pole, prestad vuestras voces para entonar el canto nupcial del rey y la reina de Mayo!—

Este himeneo era acontecimiento más serio de los que tenían lugar de ordinario en Merry Mount, donde la broma y la farsa, la travesura y la fantasía fomentaban un continuo carnaval. El rey y la reina de Mayo, aun cuando debieran perder su título al ocaso, iban a ser real y verdaderamente compañeros en la danza de la vida, comenzando el compás aquella misma hermosa tarde. La guirnalda de rosas que pendía de las verdes ramas bajas del May-pole había sido trenzada para ellos y se arrojaría sobre sus cabezas unidas como símbolo de su florida unión. Así, tan luego que el sacerdote concluyó, una exclamación tumultuosa brotó del grupo de figuras monstruosas.

—¡Comenzad la estrofa, reverendo padre, —gritaron todos; —y jamás habrán coreado los bosques ecos tan regocijados como los que lanzaremos al aire los adoradores del May-pole!—

Inmediatamente sedejó oír unpreludio deflautas, cítaras y violas, tocado por hábiles ministriles desde el fondo de una arboleda vecina, con tan alegre cadencia que hasta las ramas del May-pole se estremecieron a sus sones. Pero el rey de Mayo, el del cetro dorado, buscando los ojos de su reina, sorprendióse de la mirada casi melancólica que tropezó con la suya.

—Édith, mi dulce reina de Mayo,— murmuró en tono de reproche, —¿esta guirnalda de rosas pende