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Página:Cuentos clásicos del norte (Segunda serie).djvu/100

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La Leyenda del Valle Encantado

pero el espectro partió con igual velocidad. Lanzáronse entonces ambos en fantástica carrera; volaban las piedras y saltaban chispas a cada rebote. Los ligros vestidos de Íchabod volaban por el aire mientras tendía su largo y seco cuerpo sobre el cuello del caballo en la rapidez de la fuga.

Llegaron así al camino que endereza hacia el valle encantado; pero Gunpowder, que parecía poseído del demonio, en lugar de seguir por esta vía, cambió de dirección y se lanzó imprudentemente por la pendiente de la colina hacia la izquierda. Este sendero llevaba a una arenosa hondonada sombreada de árboles por más de un cuarto de milla, cruzando luego el puente famoso en las historias de aparecidos, precisamente detrás del cual se eleva el verde montecillo donde estaba edificada la pequeña iglesia de muros blanqueados.

Hasta aquí el pánico de su cabalgadura había dado aparente ventaja en la cacería al jinete menos diestro; pero al llegar a la mitad del camino del valle, aflojáronse los cordones de la cincha y sintió el maestro que la montura resbalaba bajo sus piernas. La sujetó por el pomo tratando de afirmarla, pero en vano; y tuvo apenas tiempo de salvarse de la caída colgándose del cuello del viejo Gunpowder mientras la silla rodaba por el suelo, pudiendo oír cómo la atropellaban las pisadas de su perseguidor. Por un momento le acometió el temor de la ira de Hans Van Rípper por tratarse de su montura de los días de fiesta, pero no había tiempo de pensar en menudos terrores; el aparecido se precipitaba sobre sus talones y, jinete inhábil