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Cuentos Clásicos del Norte

de que el ejemplar que tenemos ante los ojos pertenece a la especie más sencilla de jeroglíficos. Sólo me resta ahora facilitaros la traducción completa de los caracteres trazados en el pergamino, tal como yo la he solucionado. Hela aquí:

Un buen vidrio desde el hotel del obispo en el asiento del diablo cuarenta y un grados trece minutos norte nordeste tronco principal séptima rama este tiro por el ojo izquierdo de la calavera línea recta desde el árbol siguiendo el tiro cincuenta pies.

— Pero el enigma continúa en tan mala condición como antes, —dije yo.— ¿Cómo es posible extraer ningún significado a toda esta jerga de asientos del diablo, calaveras y hoteles de obispos ?
— Hay que confesar, —repuso Legrand,— que el asunto reviste aspecto grave, si se le considera con mirada superficial. Así, mi primera tentativa fué dividir esta oración en las frases imaginadas naturalmente por el autor del jeroglífico.
— ¿Puntuarla, queréis decir?
— Algo por el estilo.
— Pero ¿cómo era posible realizarlo?
— Reflexioné que el escritor había corrido las palabras unas tras otras sin división alguna intencionalmente para aumentar las dificultades de la solución y que, una vez en este terreno, un hombre no muy avisado se sentiría predispuesto verosímilmente a exagerar la precaución. Cuando en el curso de su composición llegara al final de una frase que naturalmente requiriese un punto o una pausa, inclinaríase más bien a trazar sus caracteres