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El Crimen de la Rue Morgue

abajo en la chimenea; la espantosa mutilación del cuerpo de la anciana; todas estas consideraciones ya mencionadas, y otras que no necesito mencionar, han sido suficientes para paralizar la potencia policiaca, para desorientar completamente la famosa penetración de los agentes del gobierno. Han caído en el grosero y común error de confundir lo inusitado con lo abstruso. Mas, por esta misma desviación del plano ordinario, la razón descubre un camino, si le hay, en su persecución de la verdad. En investigaciones de naturaleza tal como las que ahora perseguimos, no debe uno preguntarse ¿qué ha pasado? sino ¿qué ha pasado que antes no había sucedido? En efecto, la facilidad con que llegaré, o he llegado ya, mejor dicho, a la solución del misterio, está en razón directa de su insolubilidad a los ojos de la policía.—

Miré de hito en hito a mi amigo, con mudo estupor.

—Estoy aguardando,— continuó, lanzando una ojeada a la puerta de nuestro departamento, — estoy aguardando a una persona que debe haber estado complicada en la perpetración de esta carnicería aun cuando no haya sido precisamente el asesino. Es inocente, según toda probabilidad, de la parte más grave de los crímenes cometidos. Confío en que mis deducciones sean exactas; porque allí he fundado la esperanza de conocer el enigma por completo. Espero a mi hombre aquí, en este cuarto, en cualquier momento. Es posible que no venga; pero todas las probabilidades están a favor de su venida. Si llega, será preciso