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Página:Cuentos clásicos del norte.djvu/123

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La Ruina de la Casa de Úsher

camino una luz inusitada, y yo me volví para averiguar de dónde procedía este rayo sobrenatural, pues la vasta morada y sus sombras era lo único que dejaba tras de mí. La radiación brotaba de una luna llena y de un rojo sangriento en su ocaso, y resplandecía vivamente sobre aquella hendedura apenas perceptible de que he hablado y que se extendía en ziszás desde la techumbre del edificio hasta su base. En tanto que miraba, la hendedura se ensanchó rápidamente; hubo luego una ráfaga furiosa del remolino; el orbe entero del satélite estalló al mismo tiempo ante mis ojos; mi cerebro osciló mientras veía los potentes muros abriéndose en dos partes; oyóse un prolongado y tumultuoso estruendo semejante a millares de voces de las aguas; y el profundo y tétrico lago que yacía a mis pies cerróse sombría y silenciosamente sobre los fragmentos de la Casa de Úsher."