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vàrios, heterógeneos, que el tiempo ó el capricho tornan disgustosos é inservibles. Allí pusieron ó mejor dicho arrojaron con desden, à la pobre jaulita, sobre un baul añejo y polvoroso. Nadie pensó en remover con mano piadosa unas plumitas amarillas salpicadas de sangre, unas pobres patitas yertas y un piquito amarillento que yacian confundidas en el fondo de la jaulita.

Qué doloroso martirio incesante!

Qué recuerdos crueles!

De cuando en cuando el monstruo felino rondando por el misterioso aposento llega hasta la desierta jaulita, y con chispeantes ojos, saliente y aguda garra, husmea ávido los despojos de su víctima!

La idea de la muerte no occurre nunca á las jaulitas doradas; pero como sienten vivamente sus penas, la pobrecita se lo pasaba muy apesadumbrada.

Corría el tiempo, que nunca se detiene ni por glorias ni por penas y nada nuevo ocurría.

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