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materia, que por cuanto están mandadas publicar las fiestas del estreno de la capilla del Sagrario, por ser dicha fiesta tan propia de esta Ciudad, ya que no se hagan regocijos tan grandes como correspondia, por la cortedad de sus propios, á lo menos se hagan los mayores que sea posible. Por tanto, la vispera del dia que celebrare la ciudad, haya fuegos y se pongan luminarias: el dia de dicha fiesta haya misa y sermon, y por la tarde comedia: otro dia haya toros y cañas, para cuyo regocijo, se comete al Alcalde 1º juntar á los caballeros: otro dia se corran toros y tambien se haga la fiesta del volcan, (v. el tr. 6º cap. 11.)

A esta capilla del Sagrario se trasladaron los huesos de los Señores Obispos, que estaban sepultados en la capilla mayor, el año de 1669, inlerin se reedificaba dicha capilla y se hacia el entierro para las Señores Obispos. Sucedió que este misma año, á solicitud del Ilmo. Sr. Dr. D. Juan de Santo Matia Saenz Mañozca, se trajeron las cenizas de su ilustre antecesor Dr. D. Juan Garcilazo de la Vega, que viniendo para su Iglesia lo asaltó la muerte en la villa de Teguantepeque. Llegaron á esta capital por Enero de dicho año, y reconocida la identidad de los huesos delante el V. Dean y Cabildo, en presencia de los notarios y testigos que los vieron poner en Teguantepeque, se pasaron á otro cajon forrado de seda, con franjas de oro, que se dejó en el oratorio hasta el día 23 que se llevó á la Iglesia de Santa Catarina. Domingo 24 de Enero á las tres de la tarde hizo seña la Iglesia Catedral, á que correspondieron las demas iglesias, con soleme doble y saliendo la cruz con la clerecia, Cabildo eclesiastico revestido de capas, haciendo de Preste el Señor Obispo, se encaminaron á la citada Iglesia de Santa Catarina. Alli los esperaba la Real Audiencia, Ciudad y las Religiones, y el cuerpo del Señor Garcilazo descansaba sobre una cama de ébano bronceada con cielo y cenefa de rica tela. Y habiendeo tomado el cajon donde yacian los huesos, cuatro Prebendados, lo llevaron hasta la puerta de la Iglesia, donde lo recibieron los Señores del Cabildo secular, á quienes remudaron las Religiones por sus antigüedades. En el entierro precedian las cofradias, con sus