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ques en los valles de Xamastran y Olancbo, siendo uno de los mas perjudicados en estos robos el Capitán Don Bartolomé de Escoto, tratando de remediarlo con otros sus aliados, hizo varias entradas en que sacó de las montañas algunos indios y los pobló en paraje donde le pareció conveniente. Mas viendo que no tenia Sacerdote que los catequizase y administrase los Sacramentos, se vino á Guatemala, con tres indios Lencas, en solicitud de ministro que doctrinase é instruyese á aquellos infieles: informado de todo el Señor Presidente, pasó oficio al P. Provincial, encargándole que como cosa que había criado y fundado la Religión Seráfica y regado con la sangre de sus hijos, destinase operarios que segasen la copiosa miez que se presentaba, pues tenia Religiosos aptos ó idóneos para tan santos empleos y tan propios de su instituto, como la reducción de los gentiles á nuestra santa fé. Hallábanse por este tiempo en el Convento de la Recolección de Almolonga el R. P. Fr. Fernando de Espino, Religioso anciano, docto y virtuoso, y que siendo natural de la Nueva Segovia, lugar vecino de las tierras de los Jicaques, sabia la lengua Lenca. Este sacerdote ejemplar, movido del Espíritu del Señor, se ofreció para ir á estas reducciones. Y habiéndosele agregado el P. Fr. Pedro de Ovalle, salieron de esta ciudad el 16 de Mayo de 1667.

Llegados á los confines de la Taguzgalpa, entraron á la montaña, guiados del Espíritu del Señor, y después de muchos trabajos, encontraron una familia de indios Lencas, que actualmente trataban de dar muerte á una muchacha, á quien imputaban el crimen de hechicería: hizo cuanto pudo el V. anciano por librarla de la muerte; y aunque no lo consiguió, pero logró el catequizarla brevemente y bautizarla. Lo mismo hizo con otra enferma de peligro, la cual murió muy consolada. Continuaron los dos misioneros en su ministerio catequizando, instruyendo y bautizando los indios que se convertían á nuestra santa fé, hasta principios del año de 1668 que llamó la obediencia al P. Fr. Fernando. Quedó trabajando en estas reducciones el P. Fr. Pedro de Ovalle, el que con otros compañeros que se le enviaron logró á