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EL OCTAVIO


DE MINUCIO FELIX.


Quando pienso en mí amado Octavio, y traigo á la memoría aquellos felices momentos, que tan rápidamente se me pasaban en su compañia, me parece, que le veo á mi lado, y que gozo todavía de los encantos de su amistad, no obstante que se ha huido para siempre de mis ojos: tan profundamente grabadas como todo eso tengo su memoria y su imagen en mi corazon. ¿Y cómo era posible , que yo dexase de supirar continuamente por aquel hombre aventajado , por aquel hombre santo , que me amó con tanta ternura y constancia ; y que nunca jamás, ni en las cosas frívolas, ni en las de mayor importancia , tuvo otra voluntad, que la mia? Parecia, que una misma alma animaba nuestros dos cuerpos. Él solo fue el confidente de mis flaquezas y sí bien es cierto , que me sirvió de compañero en mis descarríos , tambien lo es, que me mostró el camino, quando de la profunda noche del error y del Paganismo, pasé al gran dia de la verdad y de la sabiduría. Sobre todo, me complazco, quando me acuerdo del admirable dis-