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CAPITULO PRIMERO

Santiago.—Islas de Cabo Verde
Porto Praya.—Ribeira Grande.—Polvo atmosférico con infusorios.—Costumbres de una Aplysia y de un pulpo.—Rocas de San Pablo, no volcánicas.—Curiosas incrustaciones.—Los insectos, primeros colonos de las islas.—Fernando Noronha. — Bahía.—Rocas bruñidas.—Hábitos de un Diodon, o pez orbe.—Confervas pelágicas e infusorios.—Causas de las diversas coloraciones del mar.

Santiago.—Islas de Cabo Verde.—Después de haber tenido que retroceder dos veces, a causa de fuertes temporales del Sudoeste, el Beagle, bergantín de diez cañones, al mando del capitán Fitz Roy, de la Marina Real Inglesa, zarpó de Devonport el 27 de diciembre de 1831. El objeto de la expedición era completar los trabajos de hidrografía de Patagonia y Tierra del Fuego, comenzados, bajo la dirección del capitán King, de 1826 a 1830—la hidrografía de las costas de Chile, del Perú y de algunas islas del Pacífico—, y efectuar una serie de medidas cronométricas alrededor del mundo. El 6 de enero llegamos a Tenerife, pero se nos prohibió desembarcar, por temor de que lleváramos el cólera; a la mañana siguiente vimos salir el Sol tras el escarpado perfil de la isla de Gran Canaria e iluminar súbitamente el Pico de Tenerife, en tanto las regiones más bajas aparecían veladas en nubes aborregadas. Este fué el primero de una serie de días deliciosos e inolvidables. El 16 de enero de 1832 anclamos en Porto