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XXIII

En el país de las Alegorías
Salomé siempre danza,
ante el tiarado Herodes,
eternamente.

Y la cabeza de Juan el Bautista,
ante quien tiemblan los leones,
cae al hachazo. Sangre llueve.

Pues la rosa sexual
al entreabrirse
conmueve todo lo que existe,
con su efluvio carnal
y con su enigma espiritual.

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