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En la paz de mi interior, la belleza, esa mujer que me fascina con su virginidad, que ha resistido la potencia y el atrevimiento del genio, se me entrega desnuda y sin rubores porque sabe que jamás he osado corregir una sola línea de su cuerpo divino... Ella sabe que amo todos sus encantos y que amaría también sus defectos... por ser de Ella.

Los hombres, esos niños ingenuos que tienen caprichos que serían absurdos y ridículos si no fueran caprichos de niños, me hacen pensar. La belleza, ante la cual soy un niño ingenuo, solo me hace sentir.

Su «Gruta del Silencio», para llegar a la cual he bañado mi espíritu en la fuente cristalina de mi paz, me ha hecho sentir, sentir mucho: y ahora que me veo forzado a pensar para poder escribir, pienso que debe haber sido mucha la belleza que Ud. aprisionó en las páginas de su libro cuando al leer las he sentido tanto.


Tomás Chazal.