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Antes de llegar a lo "mejor" detengámonos en lo "bueno".

¿Cómo ensayar la coeducaeión? ¿Comenzaremos a la vez implantándola en la enseñanza primaria, secundaria y universitaria? ¿La aprobaremos en la primera y en la última sin atrevernos a ensayarla en la secundaria, a consecuencia de los malos resultados que, entre nosotros mismos, ha dado? ¿Comenzaremos lentamente, haciendo que el alumno que no la haya experimentado desde el Jardín de Infantes no se someta a ella en los años sucesivos?

En la única edad de la vida en que se ha probado que es peligrosa la coeducación, es en la pubertad, de los 14 a los 18 años, época que corresponde, por atavismo, a la fase aún salvaje de nuestra especie. Pero cabe preguntarse si en ese peligro, como en todo defecto, no habrá una excelencia, una ventaja por obtener si se la busca inteligentemente. Por mi parte, creo que en lo futuro, cuando la educación y la instrucción sexual sean un hecho, basadas en la religiosidad humana, esa edad de la vida será la de más proficuos resultados.

Preocupémonos, por ahora, de lo factible, de lo que no entraña peligro, de lo que ya ha dado ventajosos frutos: De la coeducación en la enseñanza primaria y universitaria.

Ninguna medida puede ser más criticable que la de fundar una universidad femenina, por ejemplo. Sin coeducación previa, la mujer y el