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un descenso en la espiral de la vida, deprimiendo la personalidad, incitando a desconfiar de nuestras propias fuerzas; señalando como finalidad de la vida humana un más allá de la vida misma ; deslumbrando con ilusiones; deformando hasta lo absurdo lo natural al engendrar y alimentar prejuicios; y, sobre todo, colocando el centro de gravedad psíquica, la voluntad de potencia, fuera del hombre mismo, haciéndole vislumbrar una posible intervención divina ocasional, no es más que una alteración morbosa de la personalidad.

La humanidad ha sido nutrida durante siglos y siglos por un ideal contrario a la vida. Debemos reaccionar, condenar como mala toda idea religiosa, si contiene la negación o la deformación de la vida tal cual nos es dado conocerla.

Debemos impedir que esos prejuicios y esas supersticiones — esfuerzos impotentes de la razón por guiar inducciones extraviadas — que la ciencia abandonará definitivamente cuando llegue, en su conquista de la realidad, a ser la síntesis integral de las necesidades y de las aspiraciones humanas, constituyan el principal alimento de la débil inteligencia infantil.

"Religión" y "ciencia" son antagónicas siempre que la religión dé ilusiones por verdades; siempre que afirme como infalible algo más allá de lo demostrable y, sobre todo, contra todo lo demostrado. Las concesiones hechas al absurdo suelen ser necesarias en las cosas humanas, pero no más