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una resultante de las fuerzas vivas, amor y voluntad.

Faro es la inteligencia que ilumina el campo de la afectividad, nos decía: Si la luz está sola, ¿a qué sirve? Preocúpase el hombre en desarrollar únicamente su inteligencia, — comentaba con sabia amargura: No ve que, siendo una resultante, no se la consigue sin avivar las energías que la producen.

La educación anti-humana actual, nos predecía la Maestra, trata de modelar un hombre a imagen y semejanza de lo que su sola inteligencia concibe, sin comprender que es más grande y más divino el hombre que el sentimiento intuye o que la voluntad forja inconscientemente. Olvida, la razón, que en su origen fué y sigue siendo amor y voluntad; créese causa de sí misma y a su imagen y semejanza quiere forjar un hombre unilateral.

De ese ideal equivocado, de esa mentira vital, nace la actual escuela anti-humana donde se pretende cultivar tan solo la inteligencia del hombre y aun, de esa inteligencia, por consecuencia natural, la memoria mecánica, dejando de lado, casi en absoluto, el cultivo de la sensibilidad y de la voluntad.

Las ideas no se reflejan ni se reproducen, afirmaba la educadora: Son el resultado de un largo e individual proceso. Educar no es inculcar: Es desarrollar. Y no se desarrolla sino lo que cada uno trae como capital humano heredado al nacer.