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mia — la escasa o falsa experiencia de la vida, todo demuestra axiomáticamente que profesor, alumna e inspector se engañaron los unos a los otros inconscientemente, es decir, fundamentalmente.

Sostengo que ni alumna de primer año del profesorado ni de primer año de facultad podría comprender las ideas expuestas por esa niña egresada de 6.o grado. No niego, que niña, (profesor e inspector creyeron que la alumna comprendía el texto de lo dicho: pero de ahí a interpretar, comparar, criticar teorías filosóficas hay la distancia, de la tierra al sol.

Cuando creía desarraigado para siempre el pésimo sistema de aprender de memoria, de esclavizarse al texto o a los resúmenes de un profesor, veo que un inspector general sanciona tales procederes y que una revista que desea de buena fe orientar a educadores y educandos da eso como modelo a imitar. Si la experiencia individual no nos ha madurado por el propio dolor que nos revela el fondo del ser y nos da la intuición de la propia filosofía experimentada, el ingerir ajenas doctrinas servirá para amueblar el entendimiento, encumbrándolo, la mayor parte de las veces, pero jamás para desarrollarlo, para educar. Y es inútil alegar que le alumna repetía teorías que el profesor presentó en sus términos generales, fundamentales, y, por lo tanto, sencillos a fuerza de ser humanos. Si así sucedió, conténtese la niña con decir la verdad; "según opinión de mi profesor";