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CAPÍTULO VI


En Las Beldades de mi tiempo cabe todo lo que en usos, maneras, innovaciones y modas, rinde idea de las costumbres y movimiento de la época. Por ejemplo, sin dar noticia de los peinetones, ¿cómo se comprendería el edicto de Policia, sobre mejor derecho a la derecha, en las veredas? Hecha esta adverteneia por vía de respuesta, entremos nuevamente en materia.

En aquel tiempo (no olviden que estoy hablando de 1830 a 1840), en que también, como ahora, había entusiasmo por los caballos extranjeros, se introdujeron al país los caballos Frisones, esa raza de fuerza, por Rivadavia que los vió en Londres, arrastrando pesos enormes, y compró algumos.

No sé si fueron depositados o si los compró a su vez el progresista hacendado del sud, don Felipe Piñero; pero el hecho es que de allí salieron las espléndidas crías que no se las usaba, como ahora, para tirar carruajes sino carros de pesadísima carga.

A pesar de mi buena memoria, olvidé decir en mi anterior capítulo que Mr. Milier trajo el hermoso toro, Tarquino de nombre, que el vulgo tomó por de raza; y que no fué sino de la Durham de ahora.